Gladius

46 (1) enero-diciembre 2026, 445

ISSN-L: 0037-0894, eISSN: 1988-320X

https://doi.org/10.3989/gladius.2026.445

ARTÍCULO

Las operaciones especiales en el ejército mexica:
guerreros cuachic y otras unidades en las batallas
del Posclásico Tardío y la defensa de Tenochtitlan

Special operations in the Mexica army:
cuachic warriors and other units in the late
Post-classic battles and the defense of Tenochtitlan

Marco Antonio Cervera Obregón

Universidad Anáhuac México / IMEESDN

RESUMEN

En el presente trabajo se analiza la propuesta sobre la posible existencia de operaciones especiales en el escenario del México antiguo, especialmente en las llevadas a cabo por el ejército mexica en el Posclásico Tardío durante su etapa imperial, así como la defensa de México Tenochtitlan en la gran guerra de 1521. La hipótesis es sustentada inicialmente bajo la conceptualización de lo que en Historia Militar se concibe como una unidad de operaciones especiales. Para tales efectos se consultaron manuales de operaciones especiales, se realizaron entrevistas a exmiembros de fuerzas especiales y se trató, a nivel metodológico, de evitar, en lo posible, caer en anacronismos conceptuales. Sumado a ello, se analizaron diversas fuentes de investigación, como fuentes históricas del siglo XVI y documentos pictográficos con efectos de encontrar las evidencias de dichos cuerpos especiales de operación. Al respecto se ha visto que los guerreros cuachic, otómitl, y especialmente los llamados pochtecas, estos últimos normalmente identificados solo como comerciantes, son vistos en el presente trabajo desde una nueva perspectiva mucho más especializada: quienes cumplían funciones en las diversas operaciones militares a lo largo de la historia de México Tenochtitlan.

Palabras clave: mexicas; Tenochtitlan; guerreros; fuerzas especiales.

ABSTRACT

The present work analyzes the proposal on the possible existence of special operations in the setting of ancient Mexico, especially in operations carried out by the Mexica army in the Late Postclassic during its imperial stage and the defense of Mexico Tenochtitlan in the great war of 1521. The hypothesis is initially supported under the conceptualization of what in Military History is conceived as a special operations unit. For such purposes special operations manuals were consulted, interviews with former members of special forces were conducted, and attempts were made at a methodological level to avoid, as much as possible, to fall into conceptual anachronisms. In addition to this, various research sources were analyzed, such as literary sources from the 16th century, and pictographic documents in order to find evidence of said special operating bodies. In this regard, it has been seen that the cuachic, otómitl, and especially the so-called pochtecas warriors, normally identified only as merchants, in this work are identified with a new, much more specialized vision: they fulfilled functions in the various military operations throughout of the history of Mexico Tenochtitlan.

Keywords: Mexicas; Tenochtitlan; warriors; special forces.

Recibido: 06-01-2026 / Aceptado: 06-03-2026 / Publicado online: 14-07-2026

Cómo citar: Cervera Obregón, M. A. (2026). “Las operaciones especiales en el ejército mexica: guerreros cuachic y otras unidades en las batallas del Posclásico Tardío y la defensa de Tenochtitlan”. Gladius, 46: 445. DOI: https://doi.org/10.3989/gladius.2026.445.

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Información complementaria

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN

LAS FUENTES DE INVESTIGACIÓN

CARACTERIZANDO A LAS FUERZAS ESPECIALES DE OPERACIÓN

OPERACIONES ESPECIALES EN LA ANTIGÜEDAD

EL CASO MEXICA: ESTADO DE LA CUESTIÓN

OPERACIONES ESPECIALES: LOS GUERREROS CUACHIC

LOS GUERREROS OTÓMITL

LOS POCHTECAS, MÁS QUE SOLO COMERCIANTES

LAS OPERACIONES ESPECIALES DURANTE LA DEFENSA DE MÉXICO TENOCHTITLAN

CONCLUSIONES

FUENTES PRIMARIAS

FUENTES DIGITALES

BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN1

La historiografía mesoamericana en materia de guerra ha avanzado notablemente, poniendo a los ejércitos prehispánicos, particularmente para el caso mexica, en un nivel de organización como nunca antes se había pensado. Hoy conocemos, por diversos trabajos, que la sofisticación de los ejércitos prehispánicos era mucho más avanzada que lo que tradicionalmente se había conocido.

Se puede pensar inmediatamente que el hablar de unidades de operaciones especiales en el ámbito mesoamericano y en el escenario antiguo sería caer en un error claramente metodológico y anacrónico, así como poco sustentado. Como veremos a continuación, si bien el concepto de unidades de operaciones especiales no existía en la Antigüedad, ni siquiera como concepto, pero sí como un equivalente operativo, sí podemos recuperar algunos componentes muy tempranos de lo que posteriormente se ha conocido como fuerzas especiales, con grados y niveles de sofisticación que evidentemente deben ser tomados con reserva al tratarlos desde el punto de vista de las sociedades antiguas (Elliot, 2023Elliot, S. (2023). Roman Special Forces and Special Ops. Speculatores, Exploratores, Protecores and Areni in the service of Rome. London: Pen and Sword Books Limited.; Harari, 2007Harari, Y. N. (2007). Special Operations in the Age of Chivalry, 1100-1550. Warfare in History, 24. Woodbridge / Rochester: Boydell and Brewer.).

Llama la atención que algunas de las unidades que veremos en los ejércitos mexicas, especialmente del ámbito del centro de México en el Posclásico Tardío, tienen algunos componentes en su entrenamiento y forma de operar que recuerdan, en cierta medida, a la manera de las fuerzas especiales a lo largo de su historia; claramente no como las conocemos ahora, pero se pueden observar similitudes.

LAS FUENTES DE INVESTIGACIÓN

Dentro de las fuentes de investigación de primera mano que utilizamos para conocer las características de dichas unidades en el ejército mexica, principalmente se encuentran las narraciones que hacen los frailes, conquistadores o indígenas en las fuentes etnohistóricas hispano-indígenas del siglo XVI; en estas describen algunos puntos de interés en materia de atavíos, formas de operar y características militares de dichos grupos. Entre ellas podemos mencionar la obra de fray Diego Durán, Alvarado Tezozómoc, fray Bernardino de Sahagún y Cervantes de Salazar, entre otros.

Sumado a ello se encuentran sus representaciones iconográficas, sobre todo en algunos documentos pictográficos como el Códice Mendocino en su tercera parte; Códice Florentino, tanto en tiempos del apogeo de la Triple Alianza, como en su libro doce vinculado al conflicto de la gran guerra de 1521; o Tonalámatl de los Pochtecas. Realmente la evidencia en otro tipo de fuentes, como las arqueológicas o bioarqueológicas, se encuentra muy limitada con respecto a este tema.

También ha sido de gran utilidad la información procedente de la lingüística nahua para conocer, en la medida que la información lo permite, los términos en lengua náhuatl relacionados con la descripción de estos cuerpos militares.

Finalmente, para entender y caracterizar lo que se concibe desde un punto de vista de un marco teórico y de interpretación como una unidad de operaciones especiales, hemos recurrido a manuales de Historia Militar, de doctrina militar y de operación de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, de la Secretaría de Marina y del Grupo de Operaciones Especiales en España, conocido como GEO, aunados a diversos libros y revistas especializadas en la materia. Además, se hizo una entrevista de campo directamente a un exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, cuyo nombre e identificación han sido omitidos por motivos de seguridad y de las leyes de privacidad.

CARACTERIZANDO A LAS FUERZAS ESPECIALES DE OPERACIÓN

En la doctrina militar, desde hace ya algunos años, se ha dispuesto una serie de criterios para establecer lo que se ha dado en llamar operaciones especiales. Es interés de la siguiente investigación conocer realmente cuáles son las características que definen a este tipo de unidades en diversos sentidos, sobre todo en el operacional, con el fin de hacer un balance de equiparación en las unidades de la Antigüedad, y evitando caer en errores metodológicos de anacronismos históricos, pese a que, en otras sociedades antiguas, por ejemplo, del mundo clásico, sí se tiene mayor información al respecto (Rusell, 2013Russell, F. (2013). “Finding the enemy. Military Inteligence”. En: The Oxford Handbook of Warfare in the Classic World. Oxford: Oxford University Press, pp. 474-492., p. 474).

Los manuales de algunos ejércitos definen las fuerzas de operaciones especiales:

0102. Las fuerzas de operaciones especiales (sof)1. Son aquellas que, organizadas, adiestradas y dotadas por los ejércitos y la armada, desarrollan las operaciones especiales y cumplen los criterios que se detallan en la presente publicación, los que están establecidos con carácter general por los documentos de la referencia y los que se determinen oportunamente (Ministerio de Defensa de España, 2009Ministerio de Defensa de España (2009). Doctrina conjunta para las operaciones especiales. Madrid: MDE.)

Algunas de las denominaciones actuales con que los Estados modernos definen a estos grupos especiales pueden ser: Fuerzas Especiales, Unidad de Operaciones Especiales, Grupos de Operaciones Especiales, Cuerpo de Fuerzas Especiales, Grupo Especial de Reacción, entre otros.

De acuerdo con la doctrina militar, algunos especialistas les atribuyen a las fuerzas especiales características muy importantes, más allá de la fuerza, detalladas en los siguientes atributos:

  1. Guerrero de élite: se refiere al apego a la naturaleza fundamental de la guerra y a la implementación de estrategias o la creación del miedo a ser destruido.
  2. Creatividad: los elementos de Fuerzas Especiales pueden cambiar inmediatamente el proceso del combate, alterando la manera en la cual la tensión es colocada entre la amenaza y el poder evitarla.
  3. Flexibilidad2: las unidades de Fuerzas Especiales deben poseer una gran variedad de capacidades y son más independientes que las demás fuerzas militares, llamadas convencionales. El personal de Fuerzas Especiales debe contar con atributos que les permitan ejecutar las tareas mucho mejor, aun no estando organizados como ellos; por eso deben ser creativos y flexibles (Spulak, 2007Spulak, G. (2007). A Theory of Special Operations; the origin, Qualities and use of SOF. U.S.A. Florida: Joint Special Operations University., p. 14-15).

El Dr. Spulak (2007Spulak, G. (2007). A Theory of Special Operations; the origin, Qualities and use of SOF. U.S.A. Florida: Joint Special Operations University.) describe nueve tipos de misiones designadas para este tipo de unidades:

  1. Acción directa
  2. Contraterrorismo
  3. Defensa interna contra ataques externos
  4. Guerra no convencional
  5. Labores de reconocimiento especiales
  6. Operaciones psicológicas
  7. Operaciones de asuntos civiles
  8. Operaciones de información y contrainformación de armas de destrucción masiva

Algunas de las características que distinguen a las hoy llamadas fuerzas especiales, o unidades de operaciones especiales, comparadas con las unidades regulares, radican en varios puntos: su entrenamiento avanzando y sumamente específico de acuerdo con sus funciones en operaciones sumamente particulares; efectivamente, nos referimos a su función dentro del campo de batalla, que hoy en día describiríamos como una sobrada sofisticación y especialización; un alto nivel de versatilidad, flexibilidad, capacidad de innovación, entre otros aspectos (Ministerio de Defensa de España, 2009Ministerio de Defensa de España (2009). Doctrina conjunta para las operaciones especiales. Madrid: MDE., p. 11; Martínez Talamantes, 2019Martínez Talamantes, J. (2019). “Gestión de liderazgo estratégico y talento en las Fuerzas Especiales de la Armada de México”. Revista del Centro de Estudios Superiores Navales, abril-junio, pp. 11-32., p. 13).

Algunos trabajos puntualizan que Las Fuerzas de Operaciones Especiales se convirtieron desde el principio, en la punta de lanza tanto en sentido figurado como en el literal (Naville, 2016Naville, L. (2016). Fuerzas especiales en la guerra contra el terror. Madrid: Libsa., p. 7). Esto significa que, a lo largo de la historia, se han convertido en lo que ahora denominamos como Unidades de Operaciones Especiales, o bajo títulos similares.

Consideramos que, si bien los niveles de sofisticación de dichas unidades han visto su principal desarrollo desde el siglo XX y XXI —siendo sobre todo a partir del 11S en Estado Unidos que han cobrado una sobrada importancia, e interés en las diversas fuerzas armadas del mundo (Naville, 2016Naville, L. (2016). Fuerzas especiales en la guerra contra el terror. Madrid: Libsa., p. 13)— en realidad debemos caracterizar una serie de puntos clave para poder considerar que, de hecho, a lo largo de la historia, siempre han existido este tipo de unidades, pero con otros nombres, estructuras y sofisticación; evidentemente no eran llamadas de esta forma ni contaban con un nivel de doctrina militar tan clara como la que se tiene ahora.

Por ejemplo, participan en operaciones de vital importancia para los Estados modernos o antiguos, que solo un grupo reducido puede llevar a cabo. Su selección depende de capacidades que las fuerzas regulares no tienen. Normalmente son unidades reducidas, derivado del alto nivel de selección. Cuentan con un sofisticado entrenamiento y capacidades superiores a las de las fuerzas regulares, en las cuales incluso se habla de niveles de resiliencia en contexto de crisis superiores a las de unidades regulares; mucho de ello presente en un cambio de mentalidad y de inteligencia emocional para actuar en contextos de violencia y crisis extrema. Requieren de versatilidad en la forma de operar, y combatir, y en la utilización de equipamiento y de supervivencia, incluso de forma individual.3 Evidentemente estas características son propias de unidades modernas mucho más sofisticadas.

Normalmente no son unidades de choque, sino de operaciones quirúrgicas con misiones específicas y de alto valor estratégico para el Estado. Cuando son comprometidas las tropas regulares, entran en acción las unidades de fuerzas especiales, que incluso sirven de aliento en momento de vulnerabilidad de las fuerzas regulares. El hecho de ver llegar a las fuerzas especiales alienta a las tropas comprometidas a seguir en las batallas o contextos de crisis.4

Habitualmente llevan un atavío y un distintivo diferentes de los de las tropas regulares; existe un alto nivel de camaradería en el que grupos muy reducidos, seleccionados especialmente por sus aptitudes, terminan trabajado en equipos de menor tamaño para las operaciones quirúrgicas y estratégicas.5

Partiendo de las bases teóricas anteriores, nos preguntamos si en los ejércitos mexicas, así como se ha probado en el caso de otros de la Antigüedad, existían ciertos tipos de tropas que tuvieran algunas de las características antes mencionadas, pero sobre todo que llevaran a cabo operaciones especiales con algunas de ellas; que operaran de formas particulares logrando objetivos estratégicos para el Imperio mexica o Tenochtitlan, en formas en las que las tropas regulares no podían o no estaban capacitadas y que, por tanto, podrían ser consideradas, bajo dichas doctrinas, como los equivalentes antiguos de las fuerzas especiales.

Se ha tenido especial cuidado al momento de utilizar la doctrina militar para el análisis de las evidencias presentadas en la Antigüedad estudiada, con el fin de no caer en interpretaciones incorrectas que representen un claro anacronismo.

Resulta evidente que los antiguos mexicas no utilizaban dichos términos ni conocían estos conceptos —ni siquiera hemos podido recuperar información lingüística o filológica referente a ello— pero algunas de sus unidades sí operaban, en cierta medida, bajo algunos de estos criterios; es decir, esta forma de operar es más antigua que la creación del concepto, y ese es el punto de análisis del trabajo.

OPERACIONES ESPECIALES EN LA ANTIGÜEDAD

Normalmente, cuando hablamos de fuerzas especiales, nos vienen a la mente efectivos militares o policiales de muy reciente creación en la historia moderna o el presente, y poco o nada nos hace reflexionar sobre su existencia en contextos antiguos. Incluso se podría pensar que, en términos metodológicos, existe el riesgo de cometer un error básico en los estudios históricos al hablar de un anacronismo, sin embargo, sorprende que, en algunos escenarios de la Antigüedad, existen ciertos trabajos historiográficos relativos a operaciones especiales, lo que da cuenta de que no necesariamente implica este tipo de investigaciones un ejercicio anacrónico mal entendido.

Como se puede observar, no es la primera vez que se establece que el concepto de unidades de operaciones especiales sea de uso exclusivo de las fuerzas armadas del presente, sino que ya en la Antigüedad existían esas formas de operar. En este caso, las discusiones son relativas al mundo romano, especialmente para el periodo republicano, que es cuando se tiene noticia del concepto por vez primera. Sin embargo, esta noción va cambiado a lo largo de la historia romana, y actualmente ha sido reevaluada por los especialistas de dicha civilización, argumentando que se trata de una suerte de unidad especial que no necesariamente debe ser considerada como auxiliar o infantería ligera (Anders, 2011Anders, A. (2011). Roman light infantry And the Art of Combat. The Nature and Experience of Skirmishing and Non-Pitched Battle in Roman Warfare 264 BC – AD 235. Tesis doctoral, Cardiff University.; 2015Anders, A. (2015). Antesignani en la legión tardorrepublicana. Desperta Ferro, Especial 8, Legión romana, (2).).

Por motivos de espacio no nos adentraremos en los ejemplos romanos o del mundo asirio de la Edad del Hierro (Vidal, 2012Vidal, J. (2012). “La guerra de asedio en Mesopotamia”. Desperta Ferro, (10), pp. 20-25.), pero queda claro que no fue una forma de operar exclusiva de los ejércitos del Viejo Mundo pues, como veremos en el contexto mexica del Posclásico Tardío, se cuenta con la siguiente información para sustentar nuestra hipótesis.

EL CASO MEXICA: ESTADO DE LA CUESTIÓN

Si bien hay información fragmentaria y dispersa sobre este tipo de guerreros, se encuentran muchas notas en redes sociales y portales de internet. No obstante, poco o casi nada se ha publicado en términos científicos y sistemáticos, lo cual probablemente se deba a la falta de información; solo son los autores más conocidos en el ámbito de la historia militar mexica quienes, en algunas páginas de sus libros, algo han mencionado (Lameiras, 1985Lameiras, J. (1985). Los déspotas armados. Un espectro de la guerra prehispánica. Zamora: Colegio de Michoacán., p. 127; Hassig, 1988Hassig, R. (1988). Aztec warfare. Imperial Expantion and Polítical Control. Oklahoma: Oklahoma University Press., pp. 56, 100 y 103; Pohl, 2001Pohl, J. (2001). Aztec warrior, 1325-1521. Oxford: Osprey Publishing.; Bueno, 2015Bueno Bravo, I. (2015). Mesoamérica, territorio guerra. México: Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano., p. 75; Espino López, 2021Espino López, A. (2021). Vencer o morir. Una historia militar de la conquista de México. Madrid: Desperta-Ferro., p. 44).

Particularmente Anne-Marie Whorer (1999Whorer, A.-M. (1999). “¿Era legitimo hablar de “Caballería” en la sociedad y en el ejército de la Triple Alianza (Tenochtitlan-Acolhuacan-Tlacopan)?”. Isla de Arriarán. Revista cultural y científica, (XIV), pp. 185-198.) hace un trabajo referente a los diversos tipos de “caballeros” del ejército mexica, mencionado el caso de los enigmáticos “caballeros del sol”, entre otros. Se trata de un tipo de unidad sobre la que poco o nada hemos investigado en trabajos previos, por lo que ha sido necesario generar un estudio lo más detallado al respecto, y tratar de fracturar algunos de los mitos que rodean a este tipo particular de guerrero.

Sobre las interpretaciones que se han dado en términos de ilustraciones históricas un poco más sustentadas, algunas han presentado sus posturas en función de la poca iconografía que hay de ellos, así como de sus descripciones. Entre ellas encontramos las de John Pohl (2001Pohl, J. (2001). Aztec warrior, 1325-1521. Oxford: Osprey Publishing.), en su libro Aztec warrior, en la que se representa a un guerrero cuachic con toda su parafernalia militar.

OPERACIONES ESPECIALES: LOS GUERREROS CUACHIC

La forma en que entendemos al ejército mexica es cada vez más clara y profunda: el estudio de sus niveles de complejidad y sofisticación, en cuanto a sus formas de operar en la guerra, cada vez nos aleja más de esas visiones de un pueblo casi primitivo sin ninguna estructura. Ya se ha dicho en otros trabajos que los mexicas practicaron la guerra compleja, con todo lo que ello conlleva (Cervera, 2007Cervera, M. A. (2007). El armamento entre los mexicas. Anejos de Gladius, 11. Madrid: Polifemo.). Debemos comenzar por definir, en términos lingüísticos, jerárquicos y de características físicas, a este tipo especial de guerreros.

Cabe destacar, que, desde la perspectiva de la doctrina militar, hemos preferido llamar a los siguientes tipos de guerreros mexicas como unidades y no como órdenes militares, y mucho menos con el término de caballeros, como aparece constantemente en las fuentes. Efectivamente es común que las fuentes literarias hablen de “órdenes de caballeros”, pero sería un error metodológico tomarlo literal sin una interpretación; lo decimos ya que el concepto de unidad alude más a la función operativa en las diversas actividades bélicas en comparación con orden militar, que se relaciona más con la cadena de mando en la estructura de un ejército.

Por lo tanto, unidad y orden militar no son lo mismo, aunque estén relacionados; este aspecto es comúnmente motivo de confusión en la historiografía militar mesoamericanista. Igualmente, común es la problemática de definir, en la cadena de mando, qué tipo de guerrero iba antes y cuál después, y otra muy distinta es la de cuál era su papel operativo en los campos de batalla. Incluso los guerreros águila y jaguar, tan conocidos y con un alto nivel de capacidad bélica, no aparecen en el siguiente trabajo bajo la designación de “unidades especiales de operaciones”.

En la doctrina militar actual, una unidad es concebida de la siguiente forma: “Fracción del ejército que puede obrar independientemente bajo las órdenes de un solo jefe” (Borreguero, 2000, p. 341), precisamente una de las características de este tipo de guerreros, como iremos viendo en los siguientes análisis de fuentes.

Desde el punto de vista lingüístico se pueden encontrar los siguientes elementos, cuachic, quachic, cuya traducción del náhuatl significa: hombre rapado6. Este término aparece en diversas fuentes y documentos, como el caso de la obra del padre Durán (2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., pp. 167 y 284). Sin embargo, de ella también se tienen otras traducciones más allá de su plena característica física rapada, pero no en lo que se refiere también a sus características operativas y ejecutivas.

En otros documentos también se encuentran como cuachique, cuacuachictin, cuachicti, cuachicme, cuyas traducciones hacen referencia a sus características operativas, jerárquicas y de otra índole, como su experiencia en los campos de batalla, capitán y adelantado, valiente soldado, conquistador, esforzado, valiente con los españoles, soldados viejos, astutos en guerras (Alvarado Tezozómoc, 2001Alvarado Tezozómoc, H. (2001). Crónica mexicana. Madrid: Dastin., p. 500).

Es importante no confundir con los guerreros otomí, que tienen características similares, al ser tropas de elite y estar igualmente rapados, pero las fuentes constantemente hacen clara la distinción (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 284).

En cuanto a su representación iconográfica, contamos con algunas imágenes muy emblemáticas, como es el caso de folio 64 r del Códice Mendocino, en la que aparece sujetando de los cabellos a un enemigo, mientras en el brazo contrario sostiene su panoplia: un arma ofensiva similar a un macuahuitl, que aparece oculta por su chimalli.

La nota del documento pictográfico dice: “Este valiente nombrado quachic, con la divisa de armas que tiene puestas, demuestra haber cautivado en la guerra de Guexocinco, de más de que en otras guerras ha cautivado a muchos otros enemigos” (Códice Mendocino7).

Las fuentes mencionan que, antes de llegar a ser cuachic, debían haber pasado por una primera etapa en la cual debían haber adquirido experiencia en campos de batalla. De acuerdo a fray Diego Durán, la primera fase era llegar a tequihua o tequihuaque, que implicaba ser alguien ya con un cierto reconocimiento; es decir, los cuachic debían ser también ya tequihua para poder acceder a este nivel.

Lo más importante era el número de hechos o sucesos de valentía y victorias en la guerra que se hubieran registrado, es decir, tenían que haber demostrado un mínimo de veinte cautivos durante su trayectoria militar. Durán lo refiere de esta manera: “que después de haber pasado por lo que de los tequihuaque queda dicho, y sobrepujado sus hechos y valentías, en número de veinte, débanles nuevos nombres y nuevas divisas, y armas nuevas, encomiendas y señales” (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 114).

Ello significa que pasaban de tequihua a cuachic, como también lo refiere Cervantes de Salazar (1985, p. 43), al decir que “En habiendo muerto cinco, mudaban a el traje cortar del cabello hacia las orejas, hechas dos rasuras: a éste llaman quachic, que es título honroso”.

Los criterios que establecen una fuerza especial de hoy en día se relacionan con su función específica y su entrenamiento especializado para cumplir con dichas tareas, además del marco jurídico que los ampara y estructura. En el escenario mesoamericano eran la experiencia probada y sus capacidades combativas, lo que hacía que un guerrero de estas características fuera colocado en el planteamiento táctico en un escenario hostil, para efectivamente cumplir con tareas específicas y, como señala el manual de doctrina militar, “para alcanzar objetivos decisivos o de gran valor, en áreas hostiles o sensibles, mediante la utilización de tácticas, técnicas, procedimientos y modos de empleo diferentes de los utilizados por otras fuerzas (Ministerio de Defensa de España, 2009Ministerio de Defensa de España (2009). Doctrina conjunta para las operaciones especiales. Madrid: MDE., p. 11).

Es decir que los guerreros cuachic sí contaban con algunas características operativas en equivalencia a lo que hoy se denomina fuerzas especiales. Sin caer en un contexto anacrónico mal interpretado, podemos mencionar algunos detalles de interés pues, en teoría, no contaban con un entrenamiento especializado para dichos efectos, y no existía una doctrina militar y jurídica tan especializada como la tenemos hoy día, sin embargo, en términos operacionales, cumplían lo siguiente de acuerdo con las fuentes:

Este género de caballeros iba siempre en la retaguardia de los ejércitos, pero que cuando su gente iba de vencida y la veían en aprieto, salían ellos de refresco, con tanta osadía y ánimo, que ahuyentaban los ejércitos y los desbarataban, prendían y mataban mucha gente haciendo rostro a mucho número de gentes (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., pp. 114-115).

Esto representaba que debían estar siempre en la retaguardia, sea para proteger la retirada, posiblemente impedir la huida de los guerreros bisoños, o bien para entrar en combate en caso de que las tropas se vieran superadas, y efectivamente para “alcanzar objetivos decisivos o de gran valor, en áreas hostiles o sensibles, mediante la utilización de tácticas, técnicas y procedimientos diferentes a los utilizados por otras fuerzas” (Ministerio de Defensa de España, 2009Ministerio de Defensa de España (2009). Doctrina conjunta para las operaciones especiales. Madrid: MDE., p. 11) de acuerdo con la doctrina militar actual.

Su destreza en las habilidades combativas, de acuerdo con las fuentes, también supondría un entrenamiento más avanzando en las formas de ataque y los planteamientos tácticos, sin embargo, no tenemos hasta el momento más información al respecto. No sabemos si el entrenamiento estándar del ejército mexica fue muy aprovechado por estos guerreros para sobresalir entre sus compañeros de armas y obtener prestigio y el lugar mencionado en el campo de batalla.

En las fuentes se menciona que, casi de forma intuitiva, algunos guerreros sobresalían entre sus compañeros en términos de pelea y combate: “Los cuales, siendo nacidos de gente baja y de hombres de poca suerte, por su ánimo y valentía y buena maña venían a merecer de ser el número de los águilas y a llamarse conquistadores” (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 115). Este caso se refiere a una parte selecta de los guerreros águila, que al parecer ya estarían en un tercer nivel de capacidad y jerarquización militar, tema de futuros trabajos.

La razón por la que se resalta lo anterior es que la fuente los describe como una orden militar, es decir, dentro de la estructura de la cadena de mando, en los estudios mesoamericanos, muchas veces es confundida con una unidad combativa. Por ello debemos establecer que los ya mencionados guerreros cuachic deben ser considerados tanto una orden militar como una unidad de combate especializada para los fines antes descritos. Lo que la hace una unidad especializada es su capacidad combativa como lo dicen las fuentes:

Los cuales tenían de ordenanza que no habían de huir a veinte que les acometiesen, y eran tan diestros y tan animosos, y habían perdido el miedo en el curso de la guerra que, el fijando el pie en un lugar, no bastaban cien hombres a moverlos de allí. Y acontecía que dos o tres de aquellos fuesen causa de desbaratar un ejército (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 115).

La fuente es claramente exagerada en los detalles que comenta, pero no deja de ser elocuente que estos guerreros, dada su capacidad combativa, fueran motivo de algunas líneas en la obra del padre Durán.

Hemos advertido, en la información que da Durán, que este tipo de guerreros siempre iba en la retaguardia para defender la retirada o entrar en caso de ser vencidos. Sin embargo, en otro párrafo de la misma obra, Durán afirma que, durante las campañas de Axayácatl contra los tarascos, unos espías lograron cumplir uno de los principios básicos de vulnerabilidad logística, es decir, conocer sus fuerzas y las del enemigo para medir las posibilidades de una derrota o victoria.

Efectivamente, los informantes de Axayácatl habían hecho una hendidura en las tiendas de los campamentos tarascos y pudieron conocer la infraestructura de pertrechos y materiales de guerra, así como el número de efectivos a utilizar por el ejército tarasco contra los mexicas, dándose cuenta de que eran superados en número por dieciséis mil hombres (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 282), lo que representó para Axayácatl cierta temeridad para continuar con la campaña.

Al final se desarrolló el planteamiento táctico, colocando en la vanguardia a los guerreros águila más veteranos, junto con otros experimentados guerreros y de alta capacidad combativa, entre los que se encontraban los cuachic (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 282). Este menciona nuevamente su valentía en una de las descripciones en las que se refiere a ellos de la siguiente forma:

Y lo primero que hicieron fue tomar a todos aquellos caballeros que ellos llaman cuachic, que era una orden de caballería entre ellos, que no habían de huir el rostro a veinte, ni mudar el pie atrás, hasta morir; con otra orden de caballería, que llaman otomí, que cortaban el pelo por encima de las orejas, y en esto se señalaban. Los cuales tenían el mismo voto de no morir a diez ni a doce y antes morir (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 167).

Con ello vemos la flexibilidad que tenían los guerreros cuachic en cuanto a su nivel operacional, pues no necesariamente estaban siempre en la retaguardia, sino que en este caso se habían colocado al frente por ser, efectivamente, de lo mejor que se tenía, con el interés de equilibrar las fuerzas, necesidad derivada de la falta de efectivos.

En la obra de Durán se mencionan algunas contradicciones de interés. En primer lugar, debemos destacar que los cuachic se caracterizaban por ser guerreros que tenían prohibido huir de la batalla: era preferible dejar la vida antes que participar de la retirada. Incluso eran ellos los que deberían de proteger a los demás guerreros precisamente en caso de una retirada; sin embargo, en este caso se aprecia lo contrario.

La fuente menciona que, tras esta primera derrota, todos los guerreros que se replegaron se presentaron ante el gobernante: “Que traían los rostros y narices, boca y ojos con el sudor y polvo que se les había pegado de pelear todo el día […] que apenas los conocían quienes los conociesen, para poderlos llamar por sus nombres” y llama la atención que el gobernante, al verlos, quiso dirigirse a ellos para saber del parte de guerra. Durán menciona que especialmente se dirige a: “aquellos que tenían de profesión de no volver pie atrás” (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 283) es decir, se refiere a los cuachic. Ello significa que a dichos guerreros no siempre se les menciona de manera explícita, pues en ocasiones, como esta, se hace alusión a ellos a través de una de sus principales características.

Es precisamente dicha característica lo que más nos llama la atención de este momento clave de la guerra con los tarascos. Se esperaría que, efectivamente, dichos guerreros no hubieran regresado al campamento, pues su filosofía debía impedirlo, pero vemos todo lo contrario: que aquellos que tenían por “profesión no volver pie atrás” y que, no obstante, ahí estaban, llamaron la atención del tlatoani.

Durán continúa la narrativa refiriendo que Axayácatl ve oportunidad de reagrupar a sus tropas y reequiparse para una segunda batalla en un intento por finalmente derrotar a los señores tarascos y, de paso, buscar una oportunidad para los guerreros cuachic de reafirmar su filosofía en el campo de batalla: vencer o morir.

La reagrupación de tropas incluyó el apoyo de los matlatzincas, quienes apoyaron con equipamiento y efectivos. Se presentaron en campo de batalla y, sin mayores detalles, nuevamente los mexicas fueron derrotados por los tarascos. En esta ocasión los cuachic finalmente hicieron gala de su filosofía, pues varios de ellos cayeron en el campo de batalla; esta fue una de las más importantes derrotas del ejército mexica en su historia militar (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 284).

Otras fuentes coinciden en los sucesos comentados por Durán; enfatizan igualmente que, en las batallas contra los tarascos, en efecto, hubo múltiples bajas, “Y que van los mexicanos muriendo muchos de ellos, y los capitanes y valientes soldados cuachicme y tequihuaque aflojando y muriendo” (Alvarado Tezozómoc, 2001Alvarado Tezozómoc, H. (2001). Crónica mexicana. Madrid: Dastin., p. 231).

LOS GUERREROS OTÓMITL

Otra unidad del ejército mexica que debe ser considerada entre las de elite con características muy similares, incluso al grado de ser algunas veces confundido en las fuentes con los cuachic, son los guerreros otomís, descritos por algunas fuentes que, de hecho, los comparan con los anteriores. Al respecto recogemos, de la obra del padre Durán, la siguiente información:

... todos aquellos caballeros que ellos llaman cuachic, que era una orden de caballería entre ellos, que no habían de huir el rostro a veinte, ni mudar al pie atrás, hasta morir; con otra orden de caballería, que llamaban otomí, que cortaban el pelo por encima de las orejas, y en esto se señalaban. Las cuales tenían el mismo voto de no huir a diez ni a doce y antes de morir (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 49).

De acuerdo con esta cita podemos observar que, en términos operativos, los otómitl y cuachic colaboraban en la vanguardia de las filas en campo de batalla (Alvarado Tezozómoc, 2001Alvarado Tezozómoc, H. (2001). Crónica mexicana. Madrid: Dastin., p. 151), pero que, al parecer y según nuestra interpretación, los cuachic estarían en una situación de mayor jerarquía que los otomí, en este caso durante las conquistas en la región huasteca, o aquellas que se llevaron a cabo hacia Oaxaca, como lo marca Tezozómoc (2001Alvarado Tezozómoc, H. (2001). Crónica mexicana. Madrid: Dastin., p. 177):

... abisaron a todos los capitanes y soldados balientes para la muerte y rrompimiento al fuego y sangre de los de Coyxtlahuaca y Guaxaca, habiendo citado los balientes soldados, cuachic, otomí, a los mexicanos las cosas que les mueue a la guerra y de la manera y la manera que se alcancan los bienes y onra.

Una prueba más del trabajo en conjunto de estas dos unidades la tenemos en las derrotas sufridas por los mexicas a manos de los ejércitos tarascos, las cuales incluyeron el abatimiento de efectivos cuachic y otómitl como lo menciona la siguiente fuente: “En este reencuentro mataron los tarascos muchos valerosos mexicanos y especialmente de los de la orden de caballería que llaman cuachic y de otros que llaman otomí” (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 284). La característica más importante que tanto se menciona en las fuentes de esta unidad es que se encontraban trasquilados por encima de las orejas.

No se tiene tanta información acerca de los otomí como de los cuachic, particularmente en lo que a sus funciones operativas más específicas se refiere, solamente se menciona que iban en vanguardia, pero sin proporcionar aspectos más detallados.

Como hemos comentado previamente, hemos preferido llamarlos unidades y no una orden o, mucho menos, caballeros. Hasta el momento no tenemos información fidedigna que nos perita encontrar una relación con el nombre de dicho tipo de guerreros y los grupos etnolingüísticos comentados.

LOS POCHTECAS, MÁS QUE SOLO COMERCIANTES

El papel militar de los pochtecas se ha hecho notar constantemente en diversos trabajos, pero siempre hablando de su función como comerciantes en primer plano. No obstante, al parecer, el ámbito de operatividad especial en términos del conflicto armado era sumamente relevante, pero poco estudiado y entendido.8

Partiendo de su nombre encontraremos que los pochtecas, derivado del náhuatl, significaría de los oriundos de Pochtlan, es decir, del lugar de las ceibas (Garibay, 1995Garibay, A. M. (1995). Vida económica de Tenochtitlan. 1 Pochtecayotl (arte de traficar). México: UNAM., p. 10). Esta información, de inicio, no nos dice nada que los asocie con la actividad militar; sin embargo, su relación con la deidad Yacatecuhtli es importante, pues el nombre de este dios de los comerciantes, significa “el señor de la vanguardia”, “señor guía”9, y puede ser interpretado, efectivamente, como el señor que guía la vanguardia, avanzada. Como ya se tiene conocimiento, algunos de los pochtecas formaban parte de la avanzada del ejército mexica para las operaciones de infiltración, espionaje, información y contrainformación.

Según veremos en la siguiente propuesta, y en función de la evidencia histórica, al parecer, los pochtecas era una unidad de operaciones especiales del ejército mexica; incluso su papel militar era más importante y estratégico para Tenochtitlan que solamente el ser comerciantes, como lo mencionan fuentes como Sahagún (1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa.) al decir: “El señor de México quería mucho a estos mercaderes, teníanlos como a hijos, como a personas nobles y muy avisadas y esforzadas”.

Resulta lógico el tener una doble función estratégica para el imperio, es decir, de rutas comerciales y de avanzada del ejército con funciones muy particulares que iremos describiendo a continuación. Normalmente una unidad de operaciones especiales, en términos de doctrina militar actual, se mantiene muy cerca de los gobiernos, y prácticamente muchas de estas solo responden a los altos mandos o incluso al gobernante mismo. Llama la atención que los pochtecas se encontraban en estas mismas circunstancias. Las fuentes dicen lo siguiente: “Cuando quiera que el señor de México quería enviar a los mercaderes, que eran capitanes y soldados disimulados, a alguna provincia para que la atalayasen, llamábamos a su casa y hablaban les de lo que quería que se hiciese” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 492).

Son varios los aspectos que mencionan las fuentes, en las que su papel militar es constantemente destacado, incluso por los mismos pochtecas, pues vale la pena mencionar este dato procedente de la obra de Sahagún, la principal fuente de investigación para este grupo.

Señor nuestro vive muchos años: aquí en tu presencia hemos puesto el precio, porque tus tíos los pochtecas que estamos aquí pusimos nuestras cabezas y vidas en riesgo, y trabajos de noche y de día, que, aunque nos llamamos mercaderes y lo parecemos, somos capitanes y soldados, que disimuladamente andamos a conquistar y hemos trabajado y padecido mucho por alcanzar estas cosas que no eran nuestras, sino que por guerra y mucho trabajo lo alcanzamos (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 491).

Precisamente la cita menciona algunos detalles que deben ser analizados y vistos bajo los ojos de los modelos de doctrina militar para entender sus significados. En principio, la frase que dice: “que, aunque nos llamamos mercaderes y lo parecemos, somos capitanes y soldados”, evidencia que los mismos pochtecas legitimaban ante el señor de Tenochtitlan su verdadera función estratégica o, mejor dicho, su doble función estratégica que, al igual que la de mercaderes, su papel en operaciones especiales es fundamental para la expansión del imperio.

El rol militar de los pochtecas, aunque someramente conocido por investigadores, se ha desestimado más de lo que se debería. Constantes son las menciones en las fuentes de lo siguiente: “Los dichos mercaderes del Tlatilulco, se llaman también capitanes y soldados disimulados en hábito de mercaderes, que discurren por todas partes que cercan y dan guerra a las provincias y pueblos” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 492). La frase de “capitanes disimulados” se halla de manera constante.

Hemos cometido el error historiográfico de separar ambas actividades, la del comercio y la de la operatividad bélica, dando especial atención al tema del mercado y mencionando el papel militar en planos secundarios y sin un análisis. Queda a discusión si realmente su papel operativo especial en el imperio, sumado a su actividad comercial, hacía de los pochtecas un calpulli muy especial por lo estratégico de su doble actividad, siendo el militar el que realmente interesaba a Tenochtitlan.

Existen otras importantes menciones que, en términos de la doctrina militar, llamaríamos operaciones de inteligencia o de información y contrainformación e infiltración. Al respecto las fuentes dicen:

… y osados para entrar en todas las tierras, —aunque sean las tierras de enemigos— y muy astutos para tratar con los extraños, así aprendiendo sus lenguas como tratando con ellos con benevolencia, para atraerlos a su familiaridad. […] Si han de entrar en tierra de guerra primero aprenden el lenguaje de aquella gente, y toman el traje de ella, para que no parezcan que son extranjeros, sino que son naturales (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 46).

Su potencial estratégico para el imperio era tan importante que si un pochteca —o diríamos mejor una unidad de infiltración— era capturado y asesinado, era motivo suficiente para iniciar una guerra, hecho mejor conocido como casus bellis en el escenario occidental.

Acontecía muchas veces que los enemigos los conocían y los prendían y mataban; y si uno o dos o más se podían escapar, iban a dar mandado al señor principal de la tierra, como Moctezuma, u otros sus antecesores,...y le contaban lo que habían pasado y le daban relación de la tierra que habían visto (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 46).

En algunas otras fuentes documentales, como el Códice Mendocino en su lámina 66r, informan de la misma situación de motivos de hacer la guerra a los enemigos que hubiesen capturado a un pochteca en contexto de infiltración.

Si, durante una operación, uno de los pochtecas había perdido la vida, sobre todo en un enfrentamiento, se llevaba a cabo una serie de ceremonias y la caravana que regresaba de la operación informaba a los deudos de la pérdida (Códice Florentino, Lib. IV, f. 42r). En códices como el Tonalámatl de los pochtecas, efectivamente el bulto mortuorio de quien se ha representado como muerto en un enfrentamiento aparece en el documento con una flecha por delante (León Portilla, 2005León Portilla, M. (2005). “Estudio introductorio”. En: Tonalámatl de los Pochtecas. Arqueología Mexicana, Edición especial, 18. México: Editorial Raíces, pp. 8-15., p. 53).

Cuando los pochtecas regresaban de alguna operación mercantil-militar, y llevaban consigo algunos cautivos, llama la atención lo que mencionan las fuentes, pues en el proceso de escolta de sus cautivos hasta Tenochtitlan, estos iban pertrechados con arsenal defensivo pasivo para evitar que los ultimaran: “llevaban esclavos para vender […] y cuando los llevaban por la tierra de enemigos llevábamos vestidos con armas defensivas para que no se los matasen los enemigos” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 498).

Y efectivamente los pochtecas, al ser una unidad militar, no solo iban a comerciar, sino que realmente debían ir equipados para los efectos de misión: “Todos iban a punto de guerra con sus rodelas y con sus espadas, como ellos las usaban y con sus banderas, porque pasaban por tierra de guerra. En algunas partes recibían daño de los enemigos; en otras partes cautivaban de ellos” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 497).

En la página treinta y nueve del Tonalámatl de los Pochtecas aparece, en la parte superior izquierda, un pochteca, claramente distinguido al encontrarse en un camino bifurcado, en la parte superior un cacaxtli que lo identifica precisamente como pochteca. No obstante, llama la atención que, en lugar del tradicional bastón de los comerciantes, sujeta en su mano una lanza tipo tepuzopilli con navajas de obsidiana y decorada con plumas, mal identificada por León Portilla como sonaja (Tonalámatl de los Pochtecas, 2005Tonalámatl de los Pochtecas (2005). Arqueología Mexicana, Edición especial, 18. México: Editorial Raíces., p. 39).

No es que todos los pochtecas fungieran como unidades de infiltración; al parecer era un grupo muy particular denominado Oztomeca, los cuales eran considerados como “comerciantes de vanguardia” (Hassig, 1990Hassig, R. (1990). Comercio, tributo y transportes. México: Alianza Editorial., p. 130).

Suena razonable, ya que, efectivamente, uno de los objetivos de las unidades especiales es abrir el camino a las tropas regulares, antes de la intervención directa. Van preparando los escenarios, recopilando la información necesaria sobre número de tropas del enemigo, puntos estratégicos, capacidad defensiva, entre otros puntos de relevancia, para generar un plan de invasión y ataque adecuado.

Existe otra unidad interesante de la que poco se ha hablado en la historiografía militar mesoamericana y, pese a lo emblemático de su nombre, sí es muy diferente, al parecer, de los guerreros águila. Nos referimos a los llamados “caballeros del sol”, también llamados comedores del sol, a los cuales no le dedicaremos espacio en este artículo, pero que cumplen funciones igualmente de élite entre las unidades de guerreros mexicas.

Fray Diego Durán se refiere a ellos de esta forma: “mandó llamar luego el rey a todos los valientes hombres de la orden de la caballería del sol —de quien hemos tratado— que no habían de volver pie atrás en la guerra, o morir” (Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 309).

LAS OPERACIONES ESPECIALES DURANTE LA DEFENSA DE MÉXICO TENOCHTITLAN

Para cerrar el presente trabajo vamos a indagar cuál fue el papel de este cuerpo especial de guerreros durante la defensa de México Tenochtitlan en la intervención militar hispano-indígena de 1521.

La información al respecto obtenida en las fuentes es la siguiente: debemos pensar que precisamente durante la defensa de Tenochtitlan, e incluso desde que iniciaron las hostilidades como los hispano-indígenas durante la llamada Noche Triste, se esperaría que dichos contingentes de guerreros cobraran especial importancia en las operaciones de ataque y defensa y, como veremos a continuación, efectivamente tuvieron papeles importantes que llamaron la atención de los cronistas, lo que permitió que sus operativos fueran registrados, para fortuna nuestra, y que incluso tenemos sus nombres por la importancia que tuvieron.

Una de las historias más conocidas es la de la presencia de un gran capitán, conocido, a partir de las fuentes, como Tzilacatzin, en este caso de grado otomí. Vale la pena destacar su participación, pues cuando las tropas hispano-indígenas llegan al centro de la ciudad tras el desembarco de los bergantines, es cuando aparece dicho personaje: “Tzinacatzin, gran capitán, muy macho, llega luego. Trae consigo bien sostenidas tres piedras: tres grandes piedras, redondas, piedras con que se hacen muros o sea piedras de blanca roca” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 795).

La fuente asegura se otomí y sus características al decir: “Y ese Tzilacatzin era de grado otomí. Era de ese grado y por eso se trasquilaba el pelo a manera de otomíes. Por eso no tenía en cuenta al enemigo, quien fuera, aunque fueran españoles: en nada los estimaba, sino que a todos llenaba de pavor” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 795).

La narración que nos brinda el padre Sahagún nos presenta un dato interesante: los efectivos hispano-indígenas lo tenían plenamente identificado pues, como ya mencionamos, este tipo de tropas “especiales” no podía pasar desapercibido dada su efectividad en el campo de batalla. Tzilacatzin echa mano de una estrategia que resulta ser muy característica de las unidades comentadas: su nivel de adaptación y flexibilidad en las batallas, en este caso bajo la estrategia de la infiltración. Dice Sahagún que Tzilacatzin, para no ser identificado en los campos de batalla: “Pero Tzilacatzin solamente se disfrazaba para que no lo reconocieran” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 795).

La fuente nos narra las diversas versiones de atavíos para evitar ser identificado como un guerrero de elite, pero operando claramente como tal. El punto clave radicaba en su peinado, el cual, como ya hemos mencionado, se caracterizaba por estar rapado; para simular ser un guerrero de bajo nivel, lo dejaba cubierto. La fuente dice: “Salía pues, como un echador de víctimas al fuego” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 795).

En otras ocasiones Tzilacatztin, muy mencionado en la obra de Sahagún siempre liderando los combates con toros guerreros, llegó a eliminar a varios hispanos y tropas tlaxcaltecas, algunas de las cuales se replegaron al lago con varias maniobras de combate.

De dicho personaje se tiene, incluso, una imagen retomada del Códice Florentino (libro XII, f. 59v), en la cual aparece con las características mencionadas en texto.

No solo tenemos el caso de Tzilacatzin tan conocido; las fuentes mencionan otros que no podemos asegurar si eran otómitl o cuachic, pero que operaban de forma similar al anterior: “Solo hubo dos capitanes que nunca retrocedieron. Nada les importaban los enemigos; ningún aprecio tenía a sus propios cuerpos. El nombre de uno es Tzotectzin, el del segundo es Temoctzin y el tercero es el mentado Tzilacatzin” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 795).

Durante el ataque al mercado, cuando una carga de caballería ingresa en el mismo haciendo muchos destrozos y captura de prisioneros, se hace presente otra unidad cuachic para la defensa. La fuente refiere que “iba andando por allí un jefe cuachic llamado Axoquetzin, Acosó a los enemigos, les hizo soltar su presa, los hizo retroceder: ese jefe allí murió: le dieron una estocada: le atravesaron el pecho: en el corazón le entró el estoque. De ambas partes cogido, quedó allí muerto” (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 800).

En esta narración se aprecia nuevamente otra característica de las unidades especializadas, y es la eficacia en el combate, muy superior a la de las tropas convencionales. Particularmente el dúo operativo cuachic-otomí se hizo también presente en la defensa de Tlatelolco.

El relato anónimo de Tlatelolco sobre la conquista lo narra de la siguiente forma:

Ahora bien los capitanes tenochcas allí (en su refugio de Tlatelolco), se cortaron el cabello, y los de menor grado, también allí se lo cortaron, y los cuachiques, y los otomíes, de grado militar que suelen traer puesto su casco de plumas, ya no se vieron en esta forma, durante todo el tiempo que estuvimos combatiendo […] De parte de los tlatelolcas, pereció lo mismo el cuachic que el otomí y el capitán. Murieron a obra del cañón, o del arcabuz (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 817).

Recogemos otros fragmentos del libro XII de Sahagún, el cual nos detalla a las tropas hispano-indígenas, estando ya muy avanzadas las batallas al interior en Tlatelolco. No olvidemos que fue esta ciudad el último bastión de resistencia durante las refriegas:

Pero un gran capitán de grado cuachic, llamado Huitztlihuatzin, se quedó parado sobre la azotea de la Casa de los Muchachos. Se hizo fuerte como un muro y por un tiempo le hicieron caso los indios. Pero el enemigo, le daba golpes, lo hería, le rasgaba el pecho. Otra vez iban a tirar los mexicanos y luego dejaron libre al capitán. Luego lo tomaron, pero no pudo morir (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 804).

También se tienen referencias sobre la participación de guerreros otómitl en la defensa de Tenochtitlan. Las fuentes mencionan a un guerrero llamado Itzpapalotzin, el cual, con todo su atavío propio y distintivo otómitl, combatió a un grupo de hispano-indígenas que hizo huir hacia sus canoas (Sahagún, 1997Sahagún, B. de (1997). Historia general de las cosas de la Nueva España. México: Porrúa., p. 801).

CONCLUSIONES

¿Podemos argumentar que en el México prehispánico existían unidades de operaciones especiales? Podemos sugerir que en el ejército mexica del Posclásico Tardío existían unidades militares que ya operaban, en varios aspectos, bajo algunas características de lo que hoy se denomina unidades especiales de operaciones, actuando de esa forma, efectivamente, antes de que siquiera existiera el término como lo conocemos ahora.

Dichas unidades cumplían funciones muy específicas, operando de forma independiente en varios aspectos, de las de unidades regulares, y que pueden ser caracterizadas desde la doctrina militar. Todo ello brinda un sustento teórico de interpretación en sus formas de operación, como son: unidades de infiltración para recuperar activos del imperio de alto valor, recuperación de información estratégica, recuperación del control de campos de batalla en contextos de crisis, ir a la vanguardia de las operaciones en las batallas en campo abierto o asalto de las ciudades, entre otros importantes objetivos.

El hecho de ser seleccionados de entre los mejores guerreros del ejército mexica también les da un carácter de unidad especial de operación, formando parte de un cuerpo de élite. En este grupo se encontraban los guerreros cuachic, los otómitl y, finalmente, el grupo de pochtecas, que son los cuerpos aquí analizados, aunque probablemente no fueran los únicos.

Dentro de ellos, a los pochtecas les hemos dado una mayor consideración, y reinterpretación con un valor militar muy superior en términos operativos y funcionales al que siempre se les ha dado en la historiografía mesoamericana, contemplándolos como un cuerpo mucho más estratégico, militarmente hablando, para el imperio, y no solo como comerciantes, sino más como militares propiamente dichos, tal como las mismas fuentes primarias lo definen y ellos mismos se hacían nombrar.

Hasta el momento no existe una relación para conocer si, en el escenario de los otros grupos indígenas de la Cuenca de México en el Posclásico Tardío, sean acolhuas, culhuacanos, tlacopanecas, e incluso los mismos tlatelolcas, no solo tenochcas, tendrían algún tipo de unidades de operación similares o equivalentes. No hay investigaciones con respecto a dichos pueblos nahuas de la Cuenca, y esto se suma al hecho de que las fuentes de investigación posiblemente no brindan la información suficiente al respecto. Sin embargo, hasta no desarrollar la investigación pertinente, y pese a ello, podemos proponer como hipótesis que dichos pueblos sí contaban con unidades similares.

Para finalizar podemos decir que todas las unidades de operación antes mencionadas cumplieron importantes funciones en las maniobras militares a lo largo de la historia de la Triple Alianza, de Tenochtitlan y, finalmente, durante la defensa de las ciudades de Tenochtitlan y Tlatelolco en contra de las tropas hispano-indígenas, siendo puntas de lanza en la defensa y sobre todo cumpliendo su importante función en los momentos de mayor crisis, pues fueron la última frontera defensiva antes de la captura final de Cuauhtémoc.

El tema no está del todo agotado, y aún falta por revisar un mayor número de fuentes que permitirán aumentar los datos aquí vertidos. Por motivo de espacio, pretendemos abundar en futuros trabajos al respecto, y analizar otras unidades no incorporadas a este estudio.

Información complementaria

Fuentes de financiación

No aplica.

Material suplementario

No aplica.

Disponibilidad de datos

No aplica.

Agradecimientos

No aplica.

Declaración de contribución de autoría

Marco Antonio Cervera Obregón: conceptualización, análisis formal, investigación, metodología, redacción – borrador original, redacción – revisión y edición.

Declaración de conflicto de intereses

El autor de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o personales que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.

Declaración de uso de Inteligencia Artificial

No aplica.

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  1. 1 El presente trabajo fue inicialmente presentado en el II Congreso Iberoamericano de Estudios Sociales sobre el Conflicto Armado (CIESCA), en la UNAM en el año 2024.

  2. 2 Un punto clave en el que coincide mi informante es, efectivamente, la versatilidad de las fuerzas especiales sobre las fuerzas convencionales, es decir, la flexibilidad y adaptabilidad a diversas circunstancias en contextos hostiles. Comunicación personal. Exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano.

  3. 3 Comunicación personal. Entrevista de campo a un exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano.

  4. 4 Comunicación personal. Entrevista de campo a un exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano.

  5. 5 Comunicación personal. Entrevista de campo a un exmiembro de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano.

  6. 6 https://gdn.iib.unam.mx/diccionario/cuachic/188811. De cuachichiqui, rapar, cua, de cuaitl cabeza, es decir, cua-chi-c (Cabeza rapada). Comunicación personal. Dr. Alonso Zamora Corona, Durán, 2006Durán, D. (2006). Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra firme, 2 vols. México: Porrúa., p. 114.

  7. 7 https://codicemendoza.inah.gob.mx/inicio.php [Visitado el 25/02/2025].

  8. 8 Acosta, 1945Acosta, S. (1945). Los pochteca. Ubicación de los mercaderes en la estructura social tenochca. Acta Anthropológica, 1. México, D. F.: [Saena]., p. 54; Hassig, 1988Hassig, R. (1988). Aztec warfare. Imperial Expantion and Polítical Control. Oklahoma: Oklahoma University Press., pp. 66-67; 1990Hassig, R. (1990). Comercio, tributo y transportes. México: Alianza Editorial., p. 132; León Portilla, 2005León Portilla, M. (2005). “Estudio introductorio”. En: Tonalámatl de los Pochtecas. Arqueología Mexicana, Edición especial, 18. México: Editorial Raíces, pp. 8-15..

  9. 9 gdn.iib.unam.mx [Visitado el 25 de noviembre del 2024].